

WASIM Mobayed Khodr

Luis Palacios Román
Como es habitual, y coincidiendo con el mes de la Independencia, se llevó a cabo el curso “Líbano a través de su historia”, en su vigésima séptima edición, en la sede del Centro Libanés en Ciudad de México, como un espacio intelectual que ha perdurado durante décadas. A lo largo de estos años, un gran número de conferencistas y expositores ha presentado lecturas y análisis sobre las raíces del Monte Líbano en tierras fenicias, hasta llegar a las complejas realidades actuales que vive el pueblo libanés en un Medio Oriente convulsionado.

Este trabajo continuo, a lo largo de casi tres décadas, ha sido posible gracias a los incansables esfuerzos del profesor Nabih Chartouni, director del Comité Cultural para la Difusión Libanesa y del Archivo Histórico del Centro Libanés.
El curso fue inaugurado con la participación del doctor Georges Al Jallad, nuevo embajador del Líbano en México, quien destacó la importancia de la diáspora libanesa en el fortalecimiento de la identidad nacional, subrayando la necesidad de que los libaneses participen en los próximos procesos electorales y en la renovación del Parlamento en 2026. También intervino la arquitecta Gabriela Dergal, presidenta del voluntariado del Centro Libanés y representante del presidente del Consejo Directivo, quien acababa de culminar su primera visita al Líbano. Ella señaló: “El Líbano es un diamante escondido en una mina, al que debemos entrar con valentía y sin prejuicios”.
El análisis de los diversos y complejos aspectos de la realidad histórica libanesa contribuye a comprender la identidad, la situación actual y las perspectivas de solución en campos como la cultura, la economía, la gobernanza, la vida social, el potencial turístico, la posición geoestratégica y la importancia de la diáspora como factor de unidad nacional en la geopolítica contemporánea.
El primer encuentro fue una mesa redonda sobre “La labor de los mutasarrifes (1861–1915)”, que partió de la pregunta: ¿fue la mutasarrifía un fenómeno meramente administrativo o fortaleció el sentimiento patriótico? La sesión abordó este periodo clave en el que se resolvió el conflicto druso-cristiano mediante el sistema de la mutasarrifía: un gobernador cristiano no libanés, designado por el sultán otomano y aprobado por las potencias interesadas en el Líbano, junto con un consejo representativo de las principales religiones. Participaron el doctor León Rodríguez Zahar, exembajador de México en Palestina, y el profesor Rashid Wejebe, analista geopolítico especializado en Medio Oriente y director de la Alianza Francesa, además del profesor Nabih Chartouni.
En el conversatorio titulado “El rol de los Maan y los Chehab en la formación de la entidad libanesa” participaron el exembajador del Líbano en México Nouhad Mahmoud, el profesor Chartouni y el licenciado Wael Abolhosen, presidente del Capítulo México de la Unión Libanesa Cultural Mundial. La sesión abordó la transición del feudalismo local hacia el surgimiento de una autoridad centralizada como forma de organización social y política, en la cual las familias drusas y maronitas —los Maan y los Chehab— dominaron el territorio del Monte Líbano bajo el Imperio Otomano, hasta el declive de éste y su caída tras la Primera Guerra Mundial. Fue entonces cuando comenzó a consolidarse el sentimiento de un país libanés independiente y el nacimiento de una nueva nación con espíritu colectivo y costumbres compartidas, donde las diferencias religiosas se gestionaban bajo la ley de la convivencia y el apego a las raíces y a la tierra.
Por su parte, la ponencia “El Líbano entre Siria e Israel en los recuerdos de un diplomático mexicano”, presentada por el profesor Jorge Álvarez Fuentes, exembajador de México en el Líbano, expuso las “Memorias de un diplomático sobre la guerra civil libanesa (1975–1990)”, basadas en las notas del ministro Jorge López sobre la destrucción de Beirut, donde la “Línea Verde” se convirtió en un símbolo de intolerancia y odio. Quienes la cruzaron recuerdan con horror los momentos de miedo en los pasos entre ambos lados, entre retenes y fuego cruzado. Fueron quince años de guerra que obligaron a los libaneses a continuar con una vida cotidiana marcada por la necesidad de sobrevivir. Hoy sigue siendo urgente consolidar la paz; la guerra civil sigue viva en la memoria colectiva, y el anhelo de que el Líbano sea un centro de comercio, finanzas y turismo une tanto a los que viven dentro del país como a los que están fuera. Estas memorias, recuperadas y compartidas por el expositor, constituyeron un homenaje a su autor.
La cuarta sesión, titulada “Perspectivas para el Líbano en la reconfiguración del nuevo Medio Oriente”, presentó un análisis profundo del embajador Nouhad Mahmoud y del profesor Nabih Chartouni sobre la situación actual de la región y, en particular, del Líbano, señalando los riesgos que afronta la zona. Abordaron las transformaciones sociales, políticas, económicas y militares que afectan al país debido a su ubicación y a los intereses regionales e internacionales. A pesar de ello, los libaneses siempre han buscado ser actores de su propio destino, dentro y fuera del país. Sin embargo, especialmente después de la guerra de 2006, la protesta civil de 2019, la explosión del puerto de Beirut en 2020, la guerra de apoyo entre Hezbolá e Israel en 2024, la elección de un nuevo presidente y la formación de un nuevo gobierno, el Líbano necesita una reforma profunda que reconstruya el pacto social y político y fortalezca la convivencia y la esperanza de las nuevas generaciones. Debido al interés del público, el diálogo se extendió una hora adicional con preguntas y respuestas.
Como es tradición, el curso concluyó el 22 de noviembre, Día de la Independencia del Líbano.
La noche de la celebración de la Independencia
El 22 de noviembre no fue un día cualquiera en el Centro Libanés, sino una velada que logró unir historia, identidad y celebración al estilo libanés. Una noche que recordó, con palabras y emociones, por qué el Líbano sigue siendo una patria viva para sus hijos, incluso a miles de kilómetros.
La ceremonia inició con la entonación del himno nacional libanés, seguida de un emotivo discurso del embajador Georges Al Jallad, quien celebraba por primera vez el Día de la Independencia en México. Dijo:
“Hoy celebramos la independencia de una nación cuyo legado supera con creces sus fronteras geográficas… un legado de pensamiento, diálogo, apertura y convivencia.”
Sus palabras fueron un recordatorio sincero de lo que estábamos celebrando en el Salón Baalbek, repleto de asistentes.
Uno de los momentos más conmovedores fue cuando dijo:
“La luz del Líbano también está aquí esta noche… es una extensión viva de nuestra patria.”
Esa frase tocó profundamente a los presentes, haciendo palpable el vínculo invisible que une a la diáspora con su tierra de origen.
Luego tomó la palabra el arquitecto Javier Dergal Kalkech, presidente del Consejo Directivo, quien habló sobre la dimensión histórica y humana de la independencia, afirmando que esta fecha encarna “el anhelo inquebrantable de libertad, dignidad y autodeterminación de una nación pequeña en tamaño, pero grande en esencia”. Recordó que la independencia no fue simplemente producto de decisiones políticas externas, sino resultado de “un movimiento social amplio… un esfuerzo común que trascendió comunidades y regiones”.
También invitó al público a mirar el presente con gratitud:
“Mucho de lo que hoy tenemos no lo construimos nosotros, sino que es fruto del trabajo de quienes nos precedieron.”
Estas palabras resonaron especialmente al celebrar los 63 años de la Unidad Hermes del Centro Libanés y el primer aniversario del Día de la Comunidad Libanesa en México, proclamado por unanimidad por el Senado mexicano.
Luego intervino el profesor Nabih Chartouni, expresidente mundial de la Unión Libanesa Cultural Mundial, escritor, académico y figura esencial de la vida cultural libanesa en México por más de cinco décadas. Su discurso fue breve, profundo y cargado de historia.
Dijo:
“La independencia no es fruto de una sola batalla, sino de siglos de lucha.”
Una afirmación que cobra aún más sentido viniendo de quien ha dedicado 27 años consecutivos a impartir el curso “Líbano a través de su historia”, precisamente para que esa larga lucha nunca se olvide.
También destacó cómo este curso —casi siempre clausurado el mismo 22 de noviembre— ha permitido que nuevas generaciones, incluidos quienes no tienen ascendencia libanesa, comprendan que el Líbano “siempre sale victorioso, superando intrigas, conspiraciones, batallas y guerras”. Lo dijo con su estilo único: rigor histórico, sencillez humana y un amor por el Líbano que no necesita adornos para sentirse.
Pero lo que realmente celebraba el público esa noche era la vasta obra de Chartouni:
- Porque no es solo un maestro, sino un guardián y preservador de la memoria cultural.
- Porque su constancia —más de medio siglo de difusión cultural, cientos de conferencias, creación de espacios académicos y encuentros— ha sido un pilar que ha mantenido viva, fuerte y orgullosa la identidad libanesa en México.
- Porque su curso “Líbano a través de su historia” no es solo un programa académico, sino un verdadero rito comunitario del que él es el corazón.
Posteriormente se entregaron reconocimientos a estudiantes, conferencistas y coordinadores. Fue un momento emotivo, pues cada diploma representaba un nuevo hilo dentro del tejido cultural que Chartouni ha construido con paciencia, amor y conocimiento.
El reconocimiento a los conferencistas y alumnos no fue sino un homenaje al propio profesor Chartouni, y una prueba de que lo que ha sembrado durante años ha florecido y seguirá vivo como una llama cultural en la comunidad libanesa en México.
Como en toda celebración libanesa, el folclor tuvo su lugar: una magnífica presentación de dabke dirigida por el entrenador Jean Maroun, seguida de una recepción con bocadillos y dulces libaneses que evocaron recuerdos familiares. Con la participación del cantante libanés Rami Ramadán y su conjunto musical, la celebración estalló en canto y baile; muchos asistentes se unieron a la dabke, donde se mezclaron la alegría, la nostalgia, el orgullo y el sentido de pertenencia.
Fue una velada que honró el pasado, fortaleció el presente y trazó un futuro común.
Pero, sobre todo, fue una noche que demostró que la independencia del Líbano no se celebra solo como un recuerdo histórico, sino como un acto vivo de transmisión, memoria, enseñanza y renovación de la identidad nacional.

