

Wasim Mobayed Khodr
RESEÑA DEL EVENTO DE RECONOCIMIENTO EN EL SENADO DE LA REPÚBLICA AL MTRO. NABIH CHARTOUNI
Raíces que florecen en tierra compartida
Reconocimiento al profesor Nabih Chartouni en el Senado de la República
En un ambiente de profunda emoción, memoria compartida y orgullo comunitario, el Senado de la República fue escenario de un acto que trascendió el reconocimiento académico para convertirse en una celebración de identidad, pertenencia y diálogo entre pueblos: el homenaje otorgado al profesor Nabih Chartouni por su obra Páginas de la Historia de México, al celebrarse el 80 aniversario de las relaciones diplomáticas entre México y el Líbano.
El 18 de febrero de 2026, el Salón de la Comisión Permanente reunió a representantes del ámbito legislativo y diplomático, dirigentes comunitarios, líderes culturales y miembros de la comunidad libanesa provenientes de diversas regiones del país -entre ellas Sinaloa, Puebla, Hidalgo, Sonora, Michoacán y la Ciudad de México- quienes acudieron para acompañar a uno de los suyos en un acto que simbolizó el profundo vínculo entre México, patria generosa de acogida, y Líbano, raíz viva de identidad.
Más que una ceremonia protocolaria, el encuentro fue una afirmación de la memoria migrante y del espíritu de una comunidad que ha sabido preservar sus raíces mientras se integra plenamente a la vida nacional mexicana, aportando cultura, trabajo y valores a lo largo de generaciones.
La senadora Reyna Celeste Ascencio Ortega, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, destacó el valor del libro como una obra que permite proyectar la historia de México hacia el mundo árabe, fortaleciendo los lazos culturales y acercando a los pueblos a través del conocimiento y la palabra. Agradeció al autor su contribución para que la historia mexicana pueda leerse desde otras lenguas y otras miradas.
El embajador de Líbano en México, Georges El Jallad, definió la obra como “una expresión sincera del profundo amor y gratitud por México”, subrayando que escribir la historia mexicana en árabe constituye un puente cultural y una reafirmación de la hermandad histórica entre ambas naciones.
A lo largo de las intervenciones se reiteró una idea central: la cultura como espacio de encuentro. Jack Sahakian señaló que el libro “tiende un puente donde otros ven distancia”, mientras que Alejandro Kuri Pheres evocó la trayectoria del profesor Chartouni como ejemplo de entrega a la enseñanza del idioma, a la preservación de la identidad y al fortalecimiento de los vínculos de la diáspora con sus raíces.
El licenciado Jorge Serio Salomón, presidente del Centro Libanés, recordó que la historia de la comunidad mexicano-libanesa es también la historia de familias que encontraron en México un hogar generoso sin renunciar a su herencia cultural, destacando en el homenajeado la síntesis de esa doble pertenencia.
Uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia fue la intervención de Wasim Mobayed Khodr, quien ofreció un testimonio íntimo sobre la dimensión humana del homenajeado. Más allá de su trayectoria pública, evocó al maestro desde la cercanía de la amistad, describiéndolo como un hombre íntegro, coherente y generoso, cuya vocación educativa nace del afecto y del compromiso con el otro. Su reflexión subrayó que el legado del profesor Chartouni no se limita a su obra intelectual, sino que se manifiesta, sobre todo, en su calidad humana y en su permanente capacidad de tender puentes entre personas, lenguas y culturas.
La ceremonia alcanzó su punto culminante con la intervención del propio profesor Nabih Chartouni, quien expresó con notable sensibilidad el significado de este reconocimiento y el vínculo que lo une con México.
Desde el inicio de su mensaje evocó el simbolismo del recinto legislativo al afirmar:
“Qué maravilla estar en el recinto que personifica la realidad política y social, imagen de una sociedad mexicana espléndidamente representada.”
Explicó que su obra surge de un profundo sentimiento de gratitud hacia su patria adoptiva:
“Escribir en árabe sobre el Bicentenario de México fue un acto de amor por mi patria adoptiva y un tributo a la riqueza cultural que México ofrece al mundo. México es tierra que abraza, que recibe al extranjero como hijo propio y que inspira a narrar su grandeza desde todas las lenguas.”
En un pasaje especialmente significativo, reflexionó sobre la experiencia migratoria y la identidad construida desde el afecto:
“No es igual nacer en un lugar que adoptar una nacionalidad convencido, amando y admirando su historia, su lucha, su naturaleza y sus costumbres. Yo logré forjar ese vínculo profundo con esta tierra donde nacieron mis hijos y mis nietos, orgullosamente mexicanos.”
Definió el reconocimiento como símbolo de la relación histórica entre ambas naciones:
“Recibo este reconocimiento no solo en nombre propio, sino como símbolo de un puente que une memorias y destinos: México y Líbano. Ochenta años de relaciones diplomáticas que no son cifras ni fechas, sino historias humanas, valores compartidos y una amistad construida desde la palabra, la cultura y el respeto.”
Y concluyó con una reflexión que sintetizó el espíritu del encuentro:
“Las naciones no se miden solo por sus fronteras, sino por su capacidad de abrazar al otro y convertirlo en parte de su historia… México lo ha hecho conmigo.”
La ceremonia concluyó con la entrega formal del reconocimiento por parte del Senado de la República, pero el verdadero significado del encuentro permaneció más allá del acto protocolario. En el recinto legislativo se hizo visible algo más profundo: la historia viva de una comunidad que ha sabido echar raíces sin olvidar su origen, y que ha convertido la memoria en vínculo y la cultura en destino compartido. Fue la propia Presidenta de la Cámara Alta del Senado de la República, Laura Itzel Castillo, quien entregó el reconocimiento referido y quien, en un gesto de especial sensibilidad, ofreció el espacio del Senado para instalar la magnífica exposición fotográfica que recoge testimonios invaluables de estos primeros ochenta años de relación entre los dos países.
Así, el homenaje al profesor Nabih Chartouni trascendió la celebración de una obra para convertirse en afirmación de una herencia colectiva. En su figura convergen la experiencia del migrante, la gratitud hacia la tierra que acoge y la fidelidad a la raíz que permanece. Su trayectoria recuerda que la identidad no es frontera, sino encuentro; no es distancia, sino diálogo.
En aquella tarde, entre palabras de reconocimiento y gestos de fraternidad, México y Líbano volvieron a reconocerse en su historia común, en la memoria de quienes cruzaron mares y en la esperanza transmitida de generación en generación. Porque cuando la cultura se convierte en puente y la palabra en hogar compartido, los pueblos descubren que su historia no se escribe en geografías separadas, sino en la continuidad del espíritu humano.
Y así, en el corazón del Senado mexicano, la comunidad libanesa celebró no sólo a uno de sus maestros, sino también la permanencia de sus valores, la dignidad de su memoria y la certeza de que toda raíz verdadera encuentra siempre la manera de florecer.









